No hay precedentes a la situación que se está viviendo con la pandemia generada por la Covid-19, estamos en medio de ella aprendiendo a soportarla y haciendo que sus impactos sean lo menos nocivos posible en las áreas rurales.

Las medidas para contener el virus como el distanciamiento social, las cuarentenas, las interrupciones de los mercados y del comercio generan un nuevo contexto para la producción y distribución de alimentos, así como inesperados retos para los agricultores (hombres y mujeres) y habitantes del campo. Por un lado, ellos se enfrentan al reto de seguir produciendo sin contagiarse ni contagiar a sus familias, y por el otro de continuar sembrando, cosechando y comercializando sus productos en un escenario de restricciones de movimiento, cierre de mercados, y dificultad de acceso a insumos, mano de obra y otros bienes necesarios para el desarrollo de sus labores.

Ante ese panorama, los agroecosistemas diversos promovidos por la FAO a través del Proyecto Conexión BioCaribe constituyen una estrategia viable y sólida de producción agropecuaria que genera beneficios tanto en el momento de mayor expansión del virus y durante las medidas de contención tomadas, como en el contexto posterior con impactos en la producción, comercialización, demanda y consumo de alimentos.

 

 

Desde el enfoque de conectividad socioecosistémica propuesta por FAO y Conexión BioCaribe, los agroecosistemas diversos son áreas o terrenos cubiertos por cultivos permanentes, transitorios, zonas agrícolas heterogéneas o con usos pecuarios que resultan de la intervención de ecosistemas naturales por el ser humano (Ochoa et al., 2018). Sobre esos ecosistemas se ha ejercido deliberada selectividad sobre la composición de los organismos vivos, por lo tanto, se han alterado intencionalmente y tienen una intrínseca relación con las comunidades humanas (FAO, 2011). Además, estos agroecosistemas tienen una gran complejidad y diversidad biológica, así como numerosas conexiones funcionales y sinergias entre sus distintos componentes.

Aún en situaciones de estrés y condiciones extremas, el modelo de producción de agroecosistemas diversos (como huertos mixtos sostenibles, sistemas silvopastoriles, sistemas agroforestales, restauración ecológica, producción apícola y melipolicultura) ha demostrado ser muy resiliente[1], en la medida que es capaz de seguir produciendo alimentos y otros beneficios, a pesar de las adversidades. Si bien la resiliencia de los agroecosistemas ha sido documentada en relación con la variabilidad climática (Altieri et al., 2008; León, 2012; Nicholls & Altieri, 2013), este modelo productivo también tiene una gran capacidad de adaptación y resistencia en el escenario actual desencadenado por la Covid-19, que puede extenderse a otro tipo de pandemias.

Conforme a la experiencia adelantada en el proyecto Conexión BioCaribe con el establecimiento y mantenimiento de numerosas hectáreas de agroecosistemas diversos en cinco departamentos del Caribe Colombiano, en diferentes contextos ambientales y socioculturales (territorios de comunidades étnicas, terrenos trabajados por organizaciones campesinas, áreas protegidas, fincas ganaderas, entre otros) resaltamos los siguientes elementos que exaltan su resiliencia socioambiental y trascendencia:

 

 

  • Su diseño se basa en un esquema de policultivos, con gran variedad de especies de plantas y animales, que garantiza disponibilidad y acceso físico a alimentos sanos, nutritivos y frescos de manera oportuna durante todo el año. Esto aporta a la buena nutrición de las personas, mejora su sistema inmunológico y, además, les permite generar ingresos para cubrir otras necesidades básicas.
  • En su establecimiento se fomenta la conservación, uso y almacenamiento de semillas criollas y nativas, la implementación de viveros locales y el intercambio de semillas entre familias y organizaciones participantes, lo cual facilita sembrar de manera oportuna, o sea con el inicio de las lluvias.
  • El proceso productivo, que en gran medida no depende de recursos externos para su implementación, se basa en la adopción de prácticas sostenibles tales como labranza cero, cultivos combinados, coberturas verdes y secas para mantener la humedad del suelo, siembra de árboles, prácticas de alelopatías, abonos orgánicos y manejo adecuado de la biodiversidad.
  • Las buenas prácticas y diversidad de cultivos fomentan la producción de macro y microrganismos benéficos indispensables para la defensa ante plagas y enfermedades.
  • Los agroecosistemas están insertos en una matriz ambiental más amplia con la cual tienen permanentes intercambios. En el proyecto Conexión Biocaribe los huertos mixtos sostenibles, sistemas silvopastoriles, áreas de reforestación y demás están distribuidos de tal forma que constituyen corredores de conservación que se conectan con áreas naturales protegidas privadas y públicas. Al hacer parte de un paisaje más amplio, los agroecosistemas son más resilientes, en especial ante eventos climáticos extremos como sequías intensas, fuertes lluvias y vientos, en tanto los ecosistemas que conforman esa matriz les brindan servicios de regulación del flujo de agua, contra tormentas, de control de erosión entre otros.
  • Durante todo el proceso productivo, los agroecosistemas fortalecen las redes de intercambio de semillas y el trabajo colaborativo entre familias, vecinos y comunidades, así conectan personas, organizaciones, instituciones y ecosistemas, y fomentan el carácter solidario, no solo entre seres humanos, sino de ellos con la naturaleza.

 

Por lo tanto, los agroecosistemas diversos generan beneficios en tres grandes aspectos: contribuyen a la seguridad alimentaria y nutricional, generan recursos económicos, y aportan a la conservación y conectividad de los ecosistemas, lo que marca una diferencia relevante respecto a otros modelos de producción en el contexto de la pandemia actual.

Así mismo, las prácticas de trueque y el continuo intercambio de conocimientos y aprendizajes entre agricultores y comunidades, propiciados por este modelo productivo fomentan valores de identidad, equidad y solidaridad, crea redes comunitarias y contribuye a la cohesión social, lo que resulta fundamental para responder ante un contexto de producción en medio de la crisis generada por la Covid-19.

Las redes comunitarias les permiten a los agricultores seguir laborando sin depender de insumos externos, mantener su seguridad alimentaria y nutricional y apoyar la de sus vecinos y comunidades, protegerse, proteger sus territorios, manteniendo el distanciamiento físico. Situación que a la vez refuerza la solidaridad y unión con fuertes lazos sociales que permiten responder a través de acciones colectivas, con la producción y abastecimiento de alimentos sanos y diversos, lo que disminuye la vulnerabilidad de las personas ante la amenaza que representa esta pandemia y posiblemente otras.

 

 

Los agroecosistemas diversos además de generar cobeneficios ambientales, sociales y económicos, contribuyen a la capacidad de adaptación de los territorios y comunidades rurales a los contextos generados por pandemias como la Covid-19, lo cual es un motivo de esperanza y una muestra de que existen alternativas viables para el desarrollo sostenible de los territorios rurales y su capacidad de resiliencia. Alternativas que deben estar en la agenda de la política pública rural y en torno a la cual se deben fortalecer los procesos de gobernanza territorial.

 

REFERENCIAS

Altieri, Miguel A, & Koohafkan, P. (2008). Enduring farms: Climate change, smallholders and traditional farming communities. Third World network (TWN).

FAO. (2011). Ahorrar para crecer: Guia para los responsables de las politicas de intensificacion sostenible de. Food & Agriculture Organi.

León, T. (2012). Agroecología: La ciencia de los agroecosistemas – la perspectiva ambiental. Universidad Nacional de Colombia – Instituto de Estudios Ambientales.

Neil, A. (2000). Social and ecological resilience: Are they related? Progress in Human Geography, 24, 347–364.

Nicholls, C. I., & Altieri, Miguel. A. (Eds.). (2013). Agroecología y cambio climático: Metodologías para evaluar la resiliencia socio-ecológica en comunidades rurales. REDAGRES. https://www.socla.co/wp-content/uploads/2014/REDAGRESlibro2.pdf

Ochoa, M. I., Nieto, M., Navarrete, S., Tordecilla, O., Sierra, O., Navas, D., Posada, D., & Carmona, G. (2018). Conexión Biocaribe, tejiendo región. Estrategia de Conectividades Socioecosistémicas para el Caribe colombiano—Estrategia Conexión Biocaribe. FAO y GEF.

[1] La resiliencia es la propiedad de un sistema de mantener su estructura y su productividad tras una perturbación, y tiene una connotación tanto ambiental como social porque también depende del contexto sociocultural en el que se encuentra el sistema productivo, de la capacidad de los agricultores y comunidades de responder, adaptarse y movilizarse ante una situación adversa (Neil, 2000). En ese sentido, las estrategias de los agricultores para enfrentar eventos extremos, catastróficos, moderados, de tipo ambiental, político o social derivan tanto de los arreglos de sus agroecosistemas como de las formas organizativas de producción.

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