• Juan Ángel Cuesta se graduó el año pasado como Promotor Rural de Salud y ahora ayuda a salvar vidas en la vereda Mandé, en Urrao, Antioquia, en medio de pandemia por Covid-19, paludismo y mordeduras de serpientes, entre otras enfermedades.
  • Vía WhatsApp, relató esta experiencia que hace parte de su proceso de reincorporación en una zona a la que se puede acceder en mula, a pie o en helicóptero.  Allí avanza nuestro trabajo de verificación en el marco del Acuerdo de Paz.

Juan Ángel Cuesta visita las veredas para hacer seguimiento al estado de salud de las distintas comunidades. Foto cortesía.

 

Desde la comunidad indígena de Santa María llegó una llamada de auxilio a la cabecera de Mandé, en el municipio de Urrao: “La niña está muy mal y necesitamos ayuda”. Como ya ha ocurrido en otras ocasiones, Juan Ángel Cuesta empacó, y con los guías de esa etnia, emprendió una travesía de 5 horas para llegar al resguardo.

La emergencia: una serpiente mordió a una niña de 6 años y en la región no hay médico ni enfermera. Juan Ángel, excombatiente de las Farc que realiza su proceso de reincorporación, es el único apoyo en este momento, luego de graduarse hace un año como Promotor Rural de Salud, dentro de un programa que contó con el apoyo de la Gobernación de Antioquia, SENA, ARN, OIM, PNUD, la Embajada de Suecia y la Misión de Verificación de la ONU en Colombia.

Mandé es una región selvática de Urrao, Suroeste de Antioquia, en los límites con el departamento de Chocó, en el noroccidente de Colombia. Con un clima de más de 35 grados centígrados y humedad, allí habitan en su mayoría afrodescendientes e indígenas, muchos de ellos víctimas del conflicto armado. Para llegar o salir de esta zona, solo es posible hacerlo caminando, en mula (en un trayecto de más de 2 días) o en helicóptero. Son comunidades campesinas, entre ellas 7 comunidades afrodescendientes y 5 comunidades indígenas.

 

En medio de la emergencia por la COVID-19, el pasado 27 de abril, la Misión de Verificación de la ONU en Colombia apoyó a la Gobernación de Antioquia con el traslado de ayuda humanitaria a Mandé, Urrao.

 

Por eso, acciones como las de Juan Ángel son la salvación de muchos de los habitantes, quienes esperan su llegada para ayudarles, al menos, a tomar la temperatura, hacer el seguimiento de los síntomas y gestionar que llegue una brigada de salud a la zona, cuando el tiempo lo permite.

 “Está lloviendo bastante y no hay mucho que podamos hacer porque no tenemos suero antiofídico. La esperanza nuestra es que llegue el helicóptero del Ejército y la podamos trasladar”, relata mediante mensajes de WhatsApp, porque en la zona no hay señal telefónica, pero sí una antena para internet.

 

La travesía de Juan Ángel

–¿Ya llegó el helicóptero?

–Por fin llegó. Ya pudieron trasladar a la niña y la están atendiendo en Medellín-, responde Juan Ángel.

–¿Cómo es ahora su vida como promotor de salud?

–Cuando estaba en las armas yo soñaba con la Medicina. Hice un pequeño curso en Enfermería. Ya ahora que entramos al Proceso de paz llegamos a una negociación con el Gobierno para que hiciéramos una homologación de saberes, entonces los hicimos en Dabeiba, Antioquia.  Ya nos avalaron como promotores rurales de salud y desde ese entonces estoy trabajando y ayudo a los niños, a las personas más vulnerables frente a mordeduras de serpientes y culebras y también frente a esta pandemia de Covid-19.

–¿Y cómo llegó a la zona donde se encontraba la niña?

–Caminé para ir a la comunidad. Se gasta uno 5 horas desde aquí en Mandé. Es una comunidad indígena que hace parte del resguardo de Majoré Amburá. Se llama Santa María, es muy lejos, muy desprotegida y estamos apoyándolos ahí en el trabajo de prevención de la salud.

Eso es una travesía que siempre es larga y es dura, pero como ya estamos enseñados, tenemos como el ritmo de camino, ya conocemos y todo eso, pero te cuento que eso no es fácil ir allá… Hay que coger de Vásquez hacia abajo, salir a Bocas de Mandé, subir a Bocas de Santa María. Logramos sacar la niña ahí al puesto de salud de Vásquez y ya la tenemos estable gracias a Dios, pero no hay en este momento médico y enfermero. Este último está en licencia y es difícil que permanezca aquí mucho tiempo….

 

Juan Ángel es el único con tapabocas en la fotografía porque en la comunidad indígena aún no cuentan con este elemento de protección y esperan que lleguen en los próximos días. Mientras tanto, mantienen la distancia. Foto cortesía.

 

–¿Qué hace un promotor de salud?

–Estamos arrancando con la pedagogía, enseñándole a la gente cómo evitar las enfermedades, protegerse de la picadura del zancudo, mordeduras de culebras y serpientes. También sobre cómo prevenir en esta pandemia: el lavado de manos, el uso de tapabocas, cuáles son los síntomas del Covid-19… Pero no contamos con ningún implemento… Los tapabocas prácticamente nos toca comprarlos cuando salimos al pueblo y tampoco hay una pastilla, mejor dicho no contamos con ninguna clase de medicamento, tampoco con equipos, como guantes, gasas, materiales quirúrgicos que puedan ayudarnos para nosotros poder atender, en un momento como este, a un paciente…

 

Juan Ángel y un oficial del Ejército de Colombia llevan a la niña hacia el helicóptero de la Fuerza Aérea que la trasladó a Medellín.  Foto cortesía

 

–¿Por qué la gente confía en su trabajo?

–Fui contratado ya por el Municipio de Urrao como promotor de salud y la gente prácticamente me busca por la confianza ya por la labor que yo hago. Dentro de mis trabajos con el municipio, me toca hacer unos recorridos casa a casa, para darle la pedagogía a la gente.

 

“He podido entender la realidad de la vida que no es una guerra”

–¿Cómo ha sido el cambio de dejar las armas y ahora ser promotor rural de salud?

–Yo tengo 32 años y 3 hijos. Del hecho pasado de la guerra a este momento, gracias a Dios, que ha sido un cambio total, un cambio prácticamente para la vida diaria, ha sido el camino, la ruta a seguir en estos momentos. Me siento muy contento porque he podido entender la realidad de la vida que no es una guerra. Es el vivir con el pueblo y sirviéndole al pueblo. Alegra mucho cuando el pueblo de uno se siente apoyado por uno y uno por su pueblo, que entre ambos extendemos nuestras manos y nos sentimos que estamos ahí. Yo creo que mi mayor satisfacción en esta labor que estoy presentando es saber que lo estoy haciendo con mi comunidad, con la gente que me vio crecer y la gente que tanto quiso que yo siguiera esta labor, que dejara ese otro camino… Prácticamente mucha gente depende de este conocimiento.

–¿En materia de salud que es lo más preocupante?

–Las enfermedades que más me preocupan en esta región son la malaria que eso sí es constante el paludismo. También las mordeduras de las culebras. Ha habido por lo menos 5 en una semana. Aparte de eso, gripas, diarrea, desnutrición… Gracias a Dios la pandemia no nos ha afectado todavía pues estamos un poco como aislados, un poco como abandonados. Entonces el puesto de salud lo tenemos allí recién construido, pero tampoco tenemos como implementos, dotación… Estamos un poco nerviosos en un tema de enfermedad grave. Ahora mucha gente requiere atención, las embarazadas, por ejemplo. También faltan alimentos y aquí son muchos niños.

 

Cabecera de Mandé, Urrao, tomada antes de la pandemia por COVID-19.  Foto: Elizabeth Yarce.

 

–¿Cómo se pueden salvar vidas en estas condiciones?

–Es duro… Un médico para nosotros en esta región tan alejada como es Mandé y las otras comunidades vecinas, sería la solución a muchos problemas, muchas enfermedades, que prácticamente padecemos nosotros acá. Porque hay personas que se sienten enfermos y no les queda fácil salir a la cabecera municipal para que le hagan un examen; otras de la tercera edad que no pueden ir. Si en estos momentos no estuviera el promotor de salud, ni viniera el enfermero del Ejército, no sabemos qué se habría hecho con aquella niña. Agradecemos al Ejército que nos ha venido brindando una labor muy importante que es de evacuación con su helicóptero y también con algunos medicamentos…

 

Ejemplo de reconciliación

–¿Trabajan juntos, integrantes del Ejército y personas en procesos de reincorporación para ayudar una comunidad?

–Cuando estábamos en Dabeiba haciendo el curso de Promotores Rurales de Salud teníamos organizado un tipo de reunión que se llamaba Carpa Azul, que eso lo hacíamos cada 8 días, nos reuníamos todas las partes, Ejército, Policía, excombatientes y comunidad. Aquí nos apoyamos para brindar esta ayuda a la comunidad. Nos han ayudado con evacuación de enfermos, enfermería, medicamentos…

–¿Qué es la paz?

–Una oportunidad. La paz es por ejemplo la reconciliación de dos grupos que estén en guerra y que prácticamente concilien y hagan la amistad, hagan la confianza y no siga más la guerra.

Juan Ángel Cuesta es Promotor Rural de Salud, contratado por el Municipio de Urrao para apoyar las comunidades de Mandé. Allí, otras 4 personas en proceso de reincorporación ya completaron el curso de promotores para apoyar este trabajo.

Una oportunidad

Las personas en proceso de reincorporación de Farc llegaron a Mandé en 2018 después de vivir en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación de Vidrí, en Vigía del Fuerte, el cual fue cerrado pasado por decreto gubernamental.

Juan Ángel Cuesta, después de 11 años en Farc, volvió a Mandé a reencontrarse con su familia. En su proceso de reincorporación hizo el curso de Promotores Rurales de Salud.

 

 

Ahora les estoy pidiendo una oportunidad y quiero estudiar Medicina y poder ayudar. Mis compañeros quieren también trabajar, cultivar y sacar la cosecha a vender (…) Hoy en día analizo que durante la guerra jamás pensé en que llegara a la paz y me preguntó ¿Yo qué fui a hacer allá? Y lo cierto es que no quisiera volver”.

 

En Mandé, la Misión de Verificación de la ONU avanza en las labores de su mandato en el marco del Acuerdo de Paz.

Toma aérea de la zona selvática de Mandé, en los límites entre Antioquia y Chocó. Foto: Elizabeth Yarce.

 

Elizabeth Yarce 
Oficial de Información Pública
Misión de Verificación de la ONU en Colombia- Regional Medellín

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