Los desafíos a la implementación del Acuerdo de Paz son mayores ahora por las medidas de aislamiento, las restricciones a la movilidad y, específicamente del apoyo técnico directo a los proyectos de reincorporación. Pero esto no detiene a los excombatientes, que continúan luchando por su comunidad e impulsando sus proyectos productivos para sobrevivir, a pesar de los retos que representa la pandemia.

El temor al contagio del COVID-19 no es ajeno en las zonas de reincorporación de los excombatientes de las FARC. Estas zonas también cerraron sus fronteras y enfrentan sus propios desafíos.

La virtualidad y el aislamiento también se volvieron parte de la cotidianidad de los 24 espacios en los que realizan su proceso de reincorporación cerca de 3000 excombatientes de las FARC-EP y sus familias.

El miedo a la propagación del coronavirus, ante las pocas condiciones sanitarias que tienen, se suma a los desafíos propios de la reincorporación que ya enfrentaban estas comunidla ades antes de la pandemia.

“Nosotros vivimos en precarias condiciones, no tenemos un baño por vivienda, aquí compartimos tres baterías sanitarias para todos y no tenemos acueducto ni alcantarillado, el virus en estas condiciones sería fatal”, dice Wilman Aldana, uno de los líderes del antiguo Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación de Tierra Grata, en Manaure, en el departamento del Cesar al norte de Colombia.

No tenemos acueducto ni alcantarillado, el virus en estas condiciones sería fatal.

Por eso, y siguiendo las recomendaciones del Gobierno, en estos espacios se prohibió la entrada de visitas y de personal externo, se restringieron las salidas de personal y se han realizado jornadas de desinfección y campañas pedagógicas. Además, instancias de coordinación entre las partes en los que participa la Misión de Verificación de la ONU, se continúan realizando, pero de manera virtual.

En el departamento del Guaviare, tanto en las zonas de Colinas como en Charras, las personas en proceso de reincorporación asisten a jornadas pedagógicas de hábitos saludables, como el lavado de manos y hervir el agua para consumo, y niños y niñas participan de las jornadas pedagógicas de la Secretaría de Salud, el Ejército y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. En la entrada de cada espacio, hay una ducha para bañarse antes y después de salir.

Por su parte Wladislav Aguirre, uno de los líderes del espacio de Filipinas, en el departamento de Arauca, ha sido enfático en afirmar que la población en proceso de reincorporación ha acatado de manera definitiva las medidas: “nosotros estamos ahora en la legalidad y por eso seguimos las directrices del Gobierno”.

Misión de Verificación de la ONU en Colombia/Marcos Guevara Antiguos combatientes de las FARC trabajan la tierra.

Las mujeres lideran la prevención

Daniela Canticuz, quien se certificó como auxiliar de enfermería en el Servicio Nacional de Aprendizaje después de curar heridas en la guerrilla está a cargo del tema de salud en la zona rural de la Variante, en Tumaco, departamento de Nariño.

“Lo primero es reconocer los síntomas”, dice Daniela, quien atiende a niñas y niños y asesora a los padres sobre el manejo del malestar en casa. “La mayoría viene con gripas o malestares leves. La motivación para ayudar a la comunidad es evitar que llegue esta enfermedad a nuestros hogares”. Daniela teme que su hijo se enferme. Si se presentan casos de personas con síntomas persistentes o enfermedades más graves, ella se apoya otra enfermera quien hace seguimiento telefónico y realiza el enlace con el Hospital Divino Niño, en caso de que sea necesario buscar atención médica más especializada.

Aunque el 98% de los excombatientes está afiliado al sistema nacional de salud y pueden recibir atención en los municipios cercanos, en los 24 antiguos espacios de capacitación y reincorporación hay servicios temporales de salud que se han visto afectados por la crisis, lo que está siendo monitoreado por el Gobierno, la FARC y la Misión de Verificación de la ONU.

En Tierra Grata, en el departamento del Cesar, por ejemplo, donde un médico rural iba dos veces al mes a realizar consulta externa, seguimiento y citologías, y donde se contaba con gestores de salud del Servicio Nacional de Aprendizaje, el lugar que hacía de puesto de salud está fuera de servicio.

Acompañamiento virtual y telefónico

La Mesa Técnica de Salud del Consejo Nacional de Reincorporación se reúne constantemente y de manera virtual coordina las medidas de respuesta a la COVID-19 en comunicación permanente con los espacios de reincorporación. Esta Mesa está integrada por delegados de las FARC, de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización, del Ministerio de Salud y Protección Social, y de la Misión de Verificación de la ONU.

“Tenemos una ruta de atención, por si llega a presentarse un caso sospechoso de COVID-19”, cuenta Alminda Mindiola, otra enfermera de las antiguas FARC, ahora también certificada por el Servicio Nacional de Aprendizaje, y responsable de salud en Tierra Grata. “Estamos en comunicación diaria y participamos una vez a la semana de la Mesa Técnica de Salud. Además, tenemos una línea directa con el hospital de La Paz y con el del municipio de Manaure, y ya hemos, incluso, realizado consultas telefónicas con médicos, gracias a esta articulación”.

Las Mesas de Género también han jugado un papel clave en la prevención de la violencia intrafamiliar y de género, no solo en los espacios sino también en las comunidades cercanas, ante el incremento de casos a nivel nacional.

Para promover la equidad de género y la convivencia, ONU Mujeres y la Fundación Hombres en marcha desarrollan el proyecto “Masculinidades para la paz”, en la Variante en Tumaco, Nariño. “Hombres trabajamos por la igualdad, que no sea violenta tu masculinidad”, dice el coro de la canción lanzada en plena cuarentena y fruto del trabajo de mujeres, niños y hombres que en los últimos meses se han capacitado en materia masculinidades no violentas y corresponsables. Esto complementado con campañas de la Policía y otras entidades, busca prevenir la violencia intrafamiliar y de género.

Proyectos productivos a media marcha

Misión de Verificación de la ONU en Colombia/Marcos Guevara Antiguo combatiente de las FARC.

Entre las medidas tomadas para cumplir con la cuarentena se pararon las clases del programa “Arando la Educación” y se ha limitado el número de personas que pueden trabajar en los proyectos productivos que aún siguen funcionando.

“Muchos proyectos están completamente parados, otros funcionan a media marcha y una pequeña cantidad, sobre todo relacionados con la seguridad alimentaria, como proyectos avícolas, han jugado un papel fundamental en la cuarentena para el autoabastecimiento”, según Jeiner Arrieta, excombatiente en Pondores, en La Guajira.

En esta zona, el único de los proyectos del agropecuario que no ha parado es el avícola apoyado por el Programa Mundial de Alimentos y la ONG Paso Colombia. “La producción está al máximo. Producimos 150 canastas de huevos diarios (cada una de 30 unidades) y se está garantizando la demanda del espacio y la venta de excedentes a un proveedor del mercado local de Fonseca, en plena época de escasez del producto”, explica David Díaz, coordinador de la Granja Nueva Colombia. Los proyectos de Turismo, agregó, están completamente paralizados.

En otro antiguo Espacio Territorial, en El Oso, en zona rural del municipio de Planadas, en el departamento del Tolima, Edison Leyton sigue luchando para mantener el taller de ebanistería a flote. “Tengo 7 camas, un comedor de ocho puestos, y dos armarios listos y no los he podido entregar porque no hay transporte, y claro si no los entrego no me pagan, y sin plata no puedo comprar insumos”, cuenta.

En El Oso se mantienen trabajando en los proyectos de café, aunque los caficultores de la región temen que no haya mano de obra para la cosecha que se aproxima y que es la principal fuente de ingreso del municipio. Por esto, la cooperativa COMUMARFU ofreció su ayuda asegurando la mano de obra de los excombatientes en las próximas semanas a la Asociación de Productores Ecológicos de Planadas, que es su principal socio en un futuro proyecto productivo de planta procesadora de café.

La crisis como oportunidad

Mision de Verificación de la ONU en Colombia Antiguos combatientes de las FARC producen mascarillas en Pondores, en el dapartamento colombiano de La Guajira, para ayudar en la lucha contra el coronavirus.

Entre tanto, para otras cooperativas y proyectos esta crisis ha sido una “oportunidad” y afrontan la pandemia creativamente. En El Oso, el proyecto de piscicultura de la Asociación de Mujeres le vendió su producción de 26 arrobas de truchas a la empresa que abastece de alimentos frescos en la zona, así no perdieron el producto y la empresa cumplió su entrega a la población excombatiente.

En Riosucio, en el departamento de Caldas, el proyecto piscícola en el resguardo indígena Cañamomo Lomaprieta vendió su primera cosecha de 200 kilos de tilapia naranja a comunidades locales. Mientras que, en Carmen del Darién, Chocó, excombatientes de Brisas cuidan un extenso cultivo de pepinos que sembraron al inicio de la cuarentena.

Por su parte, varios talleres de confecciones están fabricando tapabocas, bien sea para su uso dentro de los antiguos espacios o para donar y apoyar a las comunidades aledañas, como ha ocurrido en Icononzo (Tolima), Anorí (Antioquia), Tierra Grata (Cesar), Pondores (La Guajira), Caño Indio (Norte de Santander), Aguabonita (Caquetá), y hasta en Cauca, en donde en el espacio de Caldono, excombatientes del taller “Hilando la Paz” están produciendo de manera artesanal tapabocas para los excombatientes y la comunidad con un material biodegradable conocido como cambrela, un tipo de tejido no textil que se produce como resultado de procesos de reciclaje.

En La Montañita, en el departamento del Caquetá, en la zona Agua Bonita sus habitantes siguen trabajando en sus proyectos. “Yo hago tamales, yogures y los vendo, y si viene una persona detrás de otra, me aseguro de que estén a dos metros de distancia. Todos usamos tapabocas y guantes y solo abrimos hasta las seis de la tarde, hora en que debemos estar encerrados”, dice Lorena, una excombatiente que ha mantenido su negocio durante la cuarentena.

Para ella lo más difícil es el abastecimiento, sobre todo de verduras, “pero nos organizamos y uno de nosotros sale cada 15 días a hacer comprar para todos, porque está prohibido el ingreso de personas de fuera del espacio. Yo, personalmente, no salgo para nada”, enfatiza.

Un nuevo desafío

Para Carlos Ruiz Massieu, Representante Especial del Secretario General y jefe de la Misión de Verificación de la ONU en Colombia “la situación actual de atención al Coronavirus nos presenta unas nuevas circunstancias a las cuales debemos ser capaces de adaptarnos”.

“Los desafíos a la implementación del Acuerdo de Paz son mayores, ahora, por las medidas de aislamiento, las restricciones a la movilidad y, específicamente del apoyo técnico directo a los proyectos de reincorporación. Eso se suma a las dificultades preexistentes. Por lo mismo, estamos trabajando con Gobierno y FARC para que a través del diálogo se puedan identificar acciones sobre medidas de contingencia para mantener los proyectos y fortalecerlos en cuanto se termine la cuarentena”, apunta Ruiz Massieu.

El apoyo de la Misión de Verificación de la ONU, la comunidad internacional, las organizaciones de la sociedad civil, las comunidades, las instituciones gubernamentales, así como la coordinación y colaboración entre las partes, serán fundamentales para adaptar la implementación del Acuerdo de Paz, asegurar el seguimiento de asuntos relacionados con la paz y evitar que se presenten casos de la COVID-19 en las antiguas zonas de capacitación y reincorporación.

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